El cambio climático y el deshielo de los polos
Hace medio siglo se efectuó un esfuerzo similar pero en un contexto menos inquietante que el actual. Las sospechas de hace 50 años ya dejaron de serlo: son ahora realidades porque el calentamiento del planeta anuncia tiempos difíciles para la Humanidad. Esta vez, el Año Polar Internacional cuenta con la dedicación de 50.000 científicos que participan en 200 proyectos de diversos tipos, todos destinados a "tomar el pulso", si así pudiera decirse, a los dos grandes enfermos que son el Polo Norte y el Polo Sur.
Dirigen esta singular orquesta de investigadores el Consejo Internacional de Ciencias y la Organización Meteorológica Mundial. Todos los esfuerzos están dirigidos a medir las superficies heladas en extensión y en profundidad, los vientos, las corrientes marinas, la salinidad de las aguas. Hay que calcular con exactitud el ritmo de la degradación en marcha, descubrir los mecanismos del deterioro, analizar sus efectos sobre el ecosistema y sus proyecciones para el planeta.
Al término de la Guerra Fría, la Marina norteamericana prestó a los hombres de ciencia algunos de sus submarinos fabricados para navegar bajo la inmensa y espesa capa de hielo flotante que constituye gran parte del Polo Norte. Cien mil millas fueron recorridas y los sonares de los submarinos apuntados hacia la superficie revelaron un derretimiento vertiginoso de la capa de hielo.
A ese ritmo, en 20 o 50 años desaparecerán en el verano las superficies heladas. Los osos perderán pie donde apoyarse para vivir y lanzarse a la caza de las focas, morirán de hambre. Ya se han observado en zonas desheladas en verano varios casos de osos hambrientos que se devoran.
En tierra firme de Siberia y de Alaska, se derrite en el verano una parte del permafrost, la tierra que se creía eternamente helada en profundidad. Lo que era tierra congelada se transforma ahora en fango, en barro frío donde los bosques de la tundra parecen enloquecer. Sus raíces pierden asidero, los árboles se inclinan a un lado y otro, o caen, en un desorden de pesadilla. Su apariencia les ha hecho ganar el sobrenombre de "bosques borrachos".
Por otra parte, la masa de hielo flotante del Polo Norte refleja -rechaza- 80% de los rayos solares. Al desaparecer el hielo, los rayos son absorbidos por el océano en un 80% y así aumenta la temperatura del agua que contribuye al calentamiento general del planeta.
Por ahora este deshielo galopante no amenaza con provocar un alza notable del nivel de los mares.
Pero los informes indican que, si se agrava el calentamiento al punto de que Groenlandia comience a derretirse, el nivel promedio de los océanos subiría en nada menos que ¡siete metros!. Esta catástrofe no es para mañana, advierten los especialistas, pero si Groenlandia perdiera modestamente sólo un 10 % de sus hielos, los niveles de los mares crecerían en 70 centímetros lo que tendría consecuencias serias.


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